22 ago 2009

Me!! - El último Adiós



Los placeres violentos terminan en la violencia,
y tienen en su triunfo su propia muerte,
del mismo modo que se consumen el fuego y la pólvora,
en un beso voráz
Romeo y Julieta,acto II, escena VI


La noche oscura predecia tormenta para dentro de poco. La luna llena, brillaba cual luciernaga
resplandeciente en medio de la oscuridad. Las altas copas de los arboles, hacian castañear sus debiles ramas para dar aun, mas tenebrosidad a la noche. La aguas del mar que se avistaban a lo lejos, se percibian brabosas, desesperadas por llevarse a alguien a las profundidades de su ser.
Allí,sentado en la ventana, estaba Alexander Cold, un chico de catorce años. Alexander, siempre
que se sentia abrumado.
Su madre, tenía cancer, y estaba ingresada en un centro médico, en el cual, vivia cada dia,
su padre, no sabía cocinar, su hermana de doce años, tenia la mentalidad de una de siete, y su hermana de cinco años, solo queria jugar con animales, los cuales, acababan muriendo por tomar un "café" a base de barro.
La vida de Alexander, no era como la de ninguno de sus amigos, pues el, tenía que hacer la cena o pedir comida a domicilio para sus hermanas, su padre y para el.
Sentandose en la ventana, se olvidaba de su vida, y se entremezclaba con la belleza del universo,
las hojas de los arboles, el agua del mar…
Un día como otro cualquiera, cuando Alexander volvía andando del instituto, vio que la casa que
estaba en venta, dos casas mas a la derecha, ya no lo estaba.
Esa noche, sentado en su ventana, olló que alguien le llamaba.
¡He tu, el de la ventana!
Alexander, miró hacia abajo sorprendido, en ese momento, se dio cuenta de la altura en
la que estaba, pues, nunca antes le habia interesado el suelo.
- ¿Quién eres?
- Soy tu nueva vecina, Nadia Santos, quería conocer a alguien para que me enseñara esto y para tener amigos claro.
- ¿Y como se que eres de fiar?
- ¿Qué pasa? ¿Piensas que una chica de trece años te va a robar?
- No, solo que…
- ¡Pero venga! ¡Si vas a bajar azlo ya!
- Está bien, pero solo cinco minutos
Alexander y Nadia, se hicieron intimos amigos, pues, todas las noches se veian para hablar sobre su dia.
Alexander, solo quería volver a casa y que pasaran las horas para estar con Nadia, pues, esos
primeros cinco minutos con los que se conocieron, se convirtieron con el paso del tiempo, en horas.
Un dia, Nadia le dijo a Alexander que en el instituto, solo pensaba en el, que cuando llegaba a
casa se quedaba pensando en el, que en los examenes y libretas, solo escribia sus nombres.
Nadia le dijo a Alexander que le amaba por encima de cualquier otra cosa en el mundo, y que
le gustaría estar con el para siempre.
Cuando la luna estubo en el punto más alto, decidieron que era hora de irse, aunque ninguno
de los dos quería. Nadia le propinó un sonoro beso en la mejilla y Alexander se puso rojo.
El tiempo que no estaban unidos, transcurria aun mas deprisa desde la confesión de Nadia hacia
Alexander.
La vida de Alexander, ya no era tan dura ni absurda, como el pensaba. La relación de Alexander y Nadia, cada dia que pasaba, se hacía más y más estrecha. Un día, mientras Alexander almorzaba comida tailandesa, su padre le hizo un interrogatorio.
- Ultimamente pasas mucho tiempo con la chica nueva ¿No?
- Pues no, la verdad es que no… A no ser que tu llames pasar mucho tiempo a volver juntos del
instituto
- Y si es así, ¿Por qué siempre que voy a tu habitación no estas?
- Eso no es verdad
- ¿Seguro?
- Tan seguro como que el infierno existe
- Está bien hijo, tu sabrás lo que haces
Esa noche como todas las demás, Alexander se reunió con Nadia, ignorando el peligro que le
azechaba en casa.
Al volver a casa, trepando por la enredadera de su habitación como todas las noches, se encontró a su padre, sentado en la cama leyendo una revista.
Entró sin el más mínimo esfuerzo de no llamar la atención, pues ya, de nada servía. En ese momento, a Alexander, se le ocurrieron mil escusas para decirle a su padre, sacar la basura, se me calló algo y fui a cogerlo, el gato, al cual no le dejaba que tocara la hermana… Decidió que la mejor escusa era que se le había caido algo, pero penso, que su padre le diría que se lo enseñara y palpó por si tenía algo en los bolsillos, pero solo tenía un preservativo que le habían dado en el instituto en una charla sobre el aborto y el sexo sin protección; el cual, no era un buen "objeto" para caerse por la ventana de su cuarto, a las una de la madrugada.
- Ya puedes estar dandome una buena escusa para no estar en tu habitación
- Se me calló un libro por la ventana
- ¿Un libro? Pensaba que odiabas la lectura... Y, si es así, ¿Donde está el libro?
- No lo encontré
- ¡Que perdida de tiempo! ¡Cuatro horas buscando un libro para nada! ¿Era de la bibliotéca?
- No, era mio
- Que raro, sabes, ayer cuando pasé por tu cuarto no ví ningun libro
- Es que…
- ¿Si?
- La verdad es …
- Sabes Alexander, a estas alturas, no se distinguir entre si lo que me dices que es verdad, es
mentira o verdad
A la mañana siguiente, Alexander y su padre, ni siquiera se miraron a la cara. En el instituto,
le dijeron que había suspendido los tres examenes que había tenido esa semana. Se peleó con un
chico de su clase por que le dijo que si su madre se moría, que se muriera el tambien.
En esos momentos de angustia, lo único que le reconfortaría, sería estar con Nadia Santos, la únicapersona que le entendía y le aceptaba tal como era.
Pero Alexander no sabía, que su vida daría un vuelco, que ni el mismo podría imaginar.
Por la noche, Nadia le tenía que decir algo importante a Alexander.
- Alexander, ¿Recuerdas cuando vine?
- Si
- Vine aquí, porque mi madre trabaja en una empresa y tenemos que viajar mucho. Ayer, llamaron para decir que le habían ascendido, y que tiene un puesto fijo en la central de la empresa
- Pero, eso es fantastico
- Fantastico para mi madre, pero nos tenemos que mudar, Alexander, y no es a otra ciudad,ni otro país, sino a otro continente, la central de la empresa, está en Nueva York, en los Estados Unidos de América.
- Eso significa…
Nadia, no pudo evitar que sus ojos derramaran lágrimas sin parar.
- Eso significa que no nos volveremos a ver más, Alexander, nunca más Alexander abrió sus brazos y metió dentro de ellos a Nadia Santos, la chica, que era dueña de su
corazón.
Para Alexander ya nada tenía sentido en la vida, no tenía amigos, iba a repetir curso, su madre se estaba acercando cada vez mán al fin de sus días, su padre no le hablaba, su hermana le dio su "café" de la muerte al gato, su otra hermana, se negaba a comer e iba al psicologo, y lo más importante, el amor de su vida le había dejado para siempre.
Para el, solo había una solución, el suicidio. Esa tarde, entró en internet, y buscó formas de
suicidarse, le daba igual si sufriría o no, no pensaba que se pudiera sufrir más de lo que el ya lo estaba
haciendo. De todas las que encontró se quedo con algunas, cortarse las venas, tomar pastillas,
inyectarse aire en las venas, ponerse delante de un tren, saltando desde gran altura al vacio,
electrocutarse, metiendo mientras se baña una tostadora en la bañera…
Decidió, que la mejor forma, y la más noble o elegante, era cortarse las venas.
Al día siguiente lo preparó todo, llenó la bañera de agua fria, para que flullera mejor la sangre,
cogió el cuchillo del pescado, pues nadie se daría cuenta que faltaba, pues hacía ya años que no
cocinaban en casa, cogío un frasco de morfina, que tenían en casa desde que su madre tubo el primer desmayo y se cortó sin querer en la pierna, y un papel, en el que escribiría una carta de despedida a su madre, y a la ausente, Nadia Santos.
Decidido, empuñó el cuchillo y hizo un profundo corte, en el sentido de la vena, en la muñeca
izquierda y lo introdució en el agua helada, en la cual, flotaban dos bolsas de cubitos de hilo para
preserbar por más tiempo el frio. Rápidamente, sintió como la sangre fluía, se inyectó en la pierna la morfina, pues, si se la inyectaba en el brazo, se saldría por el corte. Dejó la carta al lado de la puerta, para que al entrar, la viera su padre.
Allí, solo, se entregó a la llamada de la muerte, la cual, susurraba su nombre para llevarle a el lugar de la eternidad, donde el tiempo no pasaba y el alma de la gente era como quería, pudiendo cambiar a voluntad.
Nadia Santos, estaba eufórica, pues le habían dicho a su madre, que el puesto ya estaba cogido y
se tendría que quedar allí hasta previo aviso.
Era lo que necesitaba oir, podría volver a ver a su querido Alexander y podría estar con el por
siempre.
Timidamente llamó a la puerta de la casa de Alexander, extrañada, pues había policías entrando y saliendo de la casa, ¿Sería que la hermana de Alexander habría matado otro animal? Fue entonces cuando contemplé a toda la familia llorando, todos, excepto Alexander. El padre de Alexander la miró y le hizo un gesto de que se acercara. Antes de que Nadia pudiera decir algo, el padre de Alexander le entregó una carta, la carta de Alexander. Entonces, las lágrimas le salieron de los ojos como nunca antes le habían salido, y salió de la casa, la casa donde su amado la dejó, como ella le dejó a el.
Corrió hacia la playa, hacia el acantilado. El cielo, anunciaba que una tormenta inminente, como
el día que se conocieron, iba a estallar en cualquier momento.
Se colocó en el filo, vacilante, pero segura. El agua de la tormenta empezó a caer sin demora.
Ya, empapada, parecía que era la segunda vez que había saltado, levantó los brazos, e intentó
olvidar todo lo aprendido en la natación. En ese momento, saltó. Al zambullirse, recordó que no
había pensado que el agua, podría estar fria, muy fria, pero no le importaba, pues todo iba a acabar.
El agua, entró en su garganta hasta los pulmones, y fue la sal del agua, la que los quemaba como la polvora y el fuego.
Pero todo, acabó. Fue en ese instante, cuando el mar embrabezido, le dio su beso, el beso, de la
muerte.

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