22 ago 2009

Me!! - La promesa


La nieve, blanca como el nácar, hacía que las verdes praderas de un pueblecito
de Canadá, pareciese el Polo Norte en cuestión de segundos. Los renos, daban una
vista del paisaje aun mas navideña, y eso que aun estaban en septiembre.
Pero allí, en la calidez de aquel salón, junto a la chimenea, y tomando una buena
taza de chocolate caliente, hacía que todo lo ajeno a aquella estancia, no existiese
para ellas, Melinda y Sara, dos grandes amigas de la infancia, que a los 15 años,
debían de hacer frente a las terribles y aburridas horas de los años 80.
- Eh, Melinda, ¿Hacemos un pacto de amistad eterna? - Propuso Sara, una chica
con el pelo negro, a media melena, con la tez pálida, muy tímida, y callada ante un
nuevo grupo de personas
- Y, ¿Para que sirve eso? - Respondió Melisa, una chica guapa, rubia, pelo largo
y liso, extrovertida, simpática e inteligente
- Mira, si una de nosotras muere antes que la otra, esta, tendrá que ir a informar
de su condición a la otra, ¿Qué te parece?
- ¿Y como se hace ese pacto?
- Mira, te hace un pequeño corte hasta que brote sangre…
- A no, eso si que no, nada de cortes
Después de estar toda la tarde insistiendo, Sara, consiguió convencer a su querida
amiga de proceder a realizar el pacto
Así, a la luz de unas tristes velas rojas prácticamente consumidas, se realizaron
una pequeña incisión en el dedo meñique, y así, juraron amistad eterna

Los años pasaron, Melinda se diplomó en derecho, se fue a trabajar a un buffet
de abogados a New York, se casó, tubo dos preciosos hijos, ganaba un jugoso sueldo,
tenía una casa impresionante, un coche descapotable que era la envidia del la
ciudad, pero no sabía nada de aquella niña delgada, pálida y morena que fue su
mejor amiga en la infancia, y cada vez que contemplaba la cicatriz de su dedo
meñique, no podía evitar sentir melancolía hacia aquellos años, en los que fue tan
feliz. Por desgracia, la vida, les acabó llevando por caminos distintos y distantes,
pues, no la había vuelto a ver desde que acabaron el instituto.
Una noche, Melinda, tubo una terrible pesadilla, iba conduciendo, miraba el reloj,
pues era tarde, y tenía que volver a casa, donde el único que la esperaría sería el
gato, eran las 2:58 de la madrugada, creía poder recordar. Iba conduciendo por
la autopista, pero de repente, una camión se salió de su carril y volcó justo delante
de ella. Con una rápida maniobra, consiguió esquivarlo, pero un neumático del
siniestro, salió disparado y le dio al coche de Sara por la parte trasera, haciéndole
perder el control del coche, y precipitándose sin más remedio por el barranco que
estaban atravesando. Justo cuando Melinda despertó, empapada de sudor,
llamaron al timbre de la casa. Eran las tres de la madrugada, miró a su marido, el cual
dormía plácidamente, ajeno a la horripilante pesadilla que ella había tenido.
El timbre sonó de nuevo, y otra vez, y otra, con tal insistencia que no tubo más
remedio que bajar para echar a la persona que estuviera llamando con tanta
insistencia. Al abrir la puerta, no pudo evitar abrir la boca de asombro, al ver a una
mujer, la cual era extrañamente y increíblemente parecida a Sara… No, ¡Esa mujer
era Sara! Al observarla más atentamente, pudo contemplar que por algunas
partes de su cuerpo brotaba sangre.
- ¿Sara?¿Eres tu?
La mujer, asintió con una sonrisa dibujada en sus labios
- Dios, que, ¿Qué te ha pasado? Entra, te curare las heridas
Sara, levanto el dedo índice mostrando su cicatriz, la cual, también sangraba
- Por favor Sara, entra y hablamos más tranquilamente… ¡Oh Dios! ¿De verdad que
estas bien? Te veo demasiado, pálida, mas de lo normal
Las primeras palabras, surgieron de la boca de aquel ente, como un susurro, como
el lamento de las almas en pena, como el suspiro apagado, de la muerte
- He venido a cumplir mi promesa, Melinda. He muerto, y vengo a decírtelo
Melinda se quedó anonadada
- Ya por culpa del destino, estuvimos separadas en vida, estaremos juntas en la
muerte, Sara - Una vez dicho esto, levantó su dedo meñique, dejando ver la cicatriz, y
de repente, desapareció, dejando sólo tras de si, una neblina blanca y espeluznante.
Melinda, empezó a sentir un intenso dolor en el dedo meñique que, al observarlo,
pudo contemplar como este, por arte de magia, empezaba a brotar sangre, como si,
tras el paso de los años, se hubiese vuelto a abrir la herida, como si se acabase de
hacer el corte. Soltó un alarido estremecedor, y cayó desvanecida al suelo.
A la mañana anterior, despertó en su cama, creyendo que todo había sido una
simple pesadilla. Encendió la televisión para ver las noticias mientras tomaba un
café bien cargado para despejarse. Lo, que vio, la dejó sin sentido, a tal punto, que
la taza se precipitó hacia el suelo, estallando en mil pedazos a los pies de Melinda, y
esparciendo todo el café por el suelo de la cocina. Según dijo el presentador, la noche
anterior, sobre las tres de la madrugada, había ocurrido un accidente en una
autopista de Montana, un camión había volcado y, por extrañas circunstancias, otro
coche presente en el momento de tal incidente, había caído al vacio por el barranco
que estaban transitando. Y el conductor, el cual no pudo ser identificado pues había
sido totalmente calcinado, murió en el acto, que después se convirtió en el pasto de
las llamas.
Desde ese mismo día, su vida se convirtió en un infierno, tenía trastornos alimenticios,
se olvidaba de recoger a sus hijos del colegio, le habían despedido del trabajo, estaba
al borde del divorcio… Y lo peor de todo, todas las noches tenía la misma pesadilla,
en la cual, llamaban a la puerta, y al abrir, veía a Sara con el índice levantado y
expulsando sangre, a la vez que decía "Te estaré esperando", y a continuación, se
despertaba empapada en sudor, y con el dedo echando sangre a borbotones.
Su marido, pensó que estaba loca, y se divorciaron finalmente, llevándose este a los
niños, y dejándole a ella todas las cosas materiales.
Los médicos, no sabían el porque de este suceso, y decidieron meterla en un
psiquiátrico, donde todo fue aún peor.
Una noche de tormenta, un guarda de seguridad de este, oyó un estruendo del
cuarto de Melinda, al cual, cuando llegó, vio la ventana rota, y al asomarse, vio a
Melinda, rodeada de cristales, con el dedo meñique sangrando, y al lado del cuerpo
inerte de esta, escrito en sangre ponía "AMIGAS PARA SIEMPRE"

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