22 ago 2009

Me!! - La estatua del Ángel



La noche, oscura, era débilmente visible gracias a la luz de la luna, la cual, estaba en cuarto
menguante. Los pájaros, hacía ya tiempo que se habían ido a dormir a sus nidos, en lo más
alto de los arboles. Los grillos, tarareaban su alegre cancioncilla al unísono, envidiable, incluso
para el mismísimo Mozart. Los murciélagos, revoloteaban cual almas en pena, vagando en la
oscuridad eterna en busca de poner fin a su eterna melancolía. Allí, en Main Street, las altas
farolas iluminaban la fachada de las casitas adosadas y parte de su jardín trasero. Las damas
de noche, endulzaban la penumbra con su dulce aroma, e iluminaban la oscuridad con su
brillante blanco, propio de almas etéreas, de espectros, de fantasmas...
Cleo, una chica de dieciséis años, iba andando, tranquila, hacia la casa de los Parker, la
familia que había confiado en ella para cuidar a sus hijos esa noche, para ejercer como niñera.
Esa noche, George Parker, y su mujer, Rose, salían a un coctel muy importante de la empresa
de George. Cleo, se tenía que hacer cargo de los dos pequeños, Carlos, de siete años, y de Lisa, de cuatro. Al llegar, Rose, le dijo que los niños estaban cenando, y que cuando acabaran, les
preparara la cama y los acostara antes de las diez. Con los niños ya cenados y acostados, Cleo,
decidió encender la televisión para pasar el rato, hasta que los Parker llegaran del coctel, sobre
las doce de la noche. Al encenderla, se dio cuenta que solo había canales infantiles, así que llamo
a George para preguntarle si podía ver la tele en su cuarto, ya que al llevar a los niños, la puerta
estaba abierta, y pudo contemplar el magnifico plasma `negro de cuarenta y cinco pulgadas
colgado de la pared. Al llamar, George no le puso ningún inconveniente a su petición, pero
Cleo, debía de pedirle algo más. Su petición, era si podía cubrir con una sabana, la imponente estatua del ángel del jardín, o al menos, bajar las persianas de la estancia. La estatua, aparentemente echa de mármol, que con el tiempo se había oscurecido, formando un color grisáceo claro, estaba muy bien detallada, desde los contornos faciales, a los pliegues de la túnica. Las alas, abiertas, intimidaban por sus grandes dimensiones. Los brazos, estaban colgando a
ambos lados del torso, caídos, inertes. Las plumas, frágiles, perfectamente detalladas, pareciesen que fueran a salir volando con la suave brisa que hacía. El pelo, aquel hermoso pelo rizado, caía hacia abajo, a media melena. La estatua, era una obra de arte, comparable con la Venus de Milo, o el David de Miguel Ángel. La estatua, a pesar de ser un ángel, tenía un aire maligno, algo había en ella la cual, provocaba temor hacia la propia. De ahí la petición de Cleo.
En unos pocos segundo, no se oyó nada al otro lado del auricular del teléfono, pocos segundos
después, George, la dijo una frase, la frase con la que Cleo, enmudeció para siempre, para toda la
eternidad. La frase era "Coge a los niños y sal inmediatamente corriendo de la casa, vamos a
llamar a la policía… No tenemos ninguna estatua de un ángel"
La policía llegó tres minutos después de la llamada de George. Encontraron a Cleo y los dos
niños muertos, desangrados, alrededor de ellos, plumas, plumas blancas como el nacar... Pero jamás la encontraron, jamás encontraron, la estatua del ángel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario