
Naomi y Toshiro, creían que el mundo era nuevo, y ellos, junto con toda
su aldea, los elegido para vivirlo y disfrutarlo al máximo, tomando lo que
este les daba, y sacando nuevas cosas a partir de ellas. Pero, en cambio,
el mundo era bastante viejo en el año 1945, y otra guerra azotaban esas
tierras, devastando campos de cultivos, poblados, familias enteras, y
todo lo que encontraran a su paso. Naomi, poblaba el corazón de
Toshiro, siendo así lo único importante para el en ese mísero mundo
dejado de la mano de Dios. El, soñaba que se anudaba entre las dos
negras trenzas que ella tenía, la abrazaba, y la besaba fundiéndose con
ella hasta el amanecer. Cada vez que lo imaginaba, deseaba crecer de
golpe y poder casarse con ella. Pero ese deseo, quedaba muy lejos aún.
Era seis de agosto, y Naomi se despertó inquieta por una terrible
pesadilla. En ese momento, se preguntó que estaría haciendo Toshiro.
En ese mismo momento, un avión enemigo, sobrevuela la ciudad. Los
hombres blancos que hay dentro de él, pulsan unos cuanto botones,
tiran de unas palancas, y en ese mismo instante, un instante histórico,
la primera bomba atómica vuela por el cielo de la ciudad, el cielo de
Hiroshima. Un destello, gritos, llantos, lágrima, y gente que piensa por
última vez en un mañana. Silenciosa, explota la bomba, una columna de
humo se levanta en pocos segundos, un núcleo a más de 4000° C,
provocó la muerte instantánea de 80000 personas y la de 400000 en
menos de un año. Pos suerte, Toshiro salió ileso… Naomi, no tubo tanta
suerte. Ella y su familia estaban en el hospital con graves daños por todo
el cuerpo. Su familia fue muriendo poco a poco, lentamente, y más
dolorosa aun. En poco tiempo, Naomi fue la única viva de su familia.
Cuando Toshiro se enteró, fue corriendo a visitarla, esta miraba por
la ventana, y mientras lloraba susurró "Es increíble como algo tan pequeño,
puede causar daños monumentales", en la mesita de noche, Toshiro vio
veinte grullas de papel, "Jamás conseguiré las mil" Naomi se refería a la
leyenda japonesa, que dice que si consigues mil grullas de origami, y pides
un deseo, este se cumple. En ese instante, Toshiro cogió las grullas, las
guardó en su bolsillo, y salió corriendo hacia su casa. Durante toda la
noche, dobló y dobló hojas de papel hasta conseguir las novecientas
ochenta grullas que faltaban, luego, cogió un hilo, y las unió todas,
formando una preciosa guirnalda. Justo amanecía cuando salió disparado
hacia el hospital. Después de suplicar durante minutos a la enfermera para
que le dejase pasar, esta acepto. Toshiro se subió a una silla, y colgó la
preciosa guirnalda encima de la cama de Naomi. Esta despertó y digo
- Son hermosas Toshiro, gracias
- Hay un millar, son tuyas Naomi, tuyas…
Toshiro abandonó sin vacilar la estancia, para que Naomi, no lo viese
llorando por ella, su amada. Una ligera brisa, agitó las frágiles gruyas. Una
lágrima se derramó de los ojos de Naomi, que sonreía. Esta los cerró
lentamente, poniendo así fin a una larga temporada de dolor, sufrimiento
y agonía.
Febrero de 1976, Toshiro Ueda tenía cuarenta y dos años, vivía en
Londres, tenía dos hijos preciosos y era gerente de un banco. Ninguno
de sus empleados se atrevía a preguntar por qué siempre, entre papeles,
informes y mensajes telegráficos, siempre había unas cuantas grullas
de origami. Divertidos, comentaban que algún día llegaría a las mil.
Ninguno sospechaba siquiera la dolorosa relación que esas minúsculas
grullas de papel tienen con perdida Hiroshima de su niñez, con su amor
perdido…
su aldea, los elegido para vivirlo y disfrutarlo al máximo, tomando lo que
este les daba, y sacando nuevas cosas a partir de ellas. Pero, en cambio,
el mundo era bastante viejo en el año 1945, y otra guerra azotaban esas
tierras, devastando campos de cultivos, poblados, familias enteras, y
todo lo que encontraran a su paso. Naomi, poblaba el corazón de
Toshiro, siendo así lo único importante para el en ese mísero mundo
dejado de la mano de Dios. El, soñaba que se anudaba entre las dos
negras trenzas que ella tenía, la abrazaba, y la besaba fundiéndose con
ella hasta el amanecer. Cada vez que lo imaginaba, deseaba crecer de
golpe y poder casarse con ella. Pero ese deseo, quedaba muy lejos aún.
Era seis de agosto, y Naomi se despertó inquieta por una terrible
pesadilla. En ese momento, se preguntó que estaría haciendo Toshiro.
En ese mismo momento, un avión enemigo, sobrevuela la ciudad. Los
hombres blancos que hay dentro de él, pulsan unos cuanto botones,
tiran de unas palancas, y en ese mismo instante, un instante histórico,
la primera bomba atómica vuela por el cielo de la ciudad, el cielo de
Hiroshima. Un destello, gritos, llantos, lágrima, y gente que piensa por
última vez en un mañana. Silenciosa, explota la bomba, una columna de
humo se levanta en pocos segundos, un núcleo a más de 4000° C,
provocó la muerte instantánea de 80000 personas y la de 400000 en
menos de un año. Pos suerte, Toshiro salió ileso… Naomi, no tubo tanta
suerte. Ella y su familia estaban en el hospital con graves daños por todo
el cuerpo. Su familia fue muriendo poco a poco, lentamente, y más
dolorosa aun. En poco tiempo, Naomi fue la única viva de su familia.
Cuando Toshiro se enteró, fue corriendo a visitarla, esta miraba por
la ventana, y mientras lloraba susurró "Es increíble como algo tan pequeño,
puede causar daños monumentales", en la mesita de noche, Toshiro vio
veinte grullas de papel, "Jamás conseguiré las mil" Naomi se refería a la
leyenda japonesa, que dice que si consigues mil grullas de origami, y pides
un deseo, este se cumple. En ese instante, Toshiro cogió las grullas, las
guardó en su bolsillo, y salió corriendo hacia su casa. Durante toda la
noche, dobló y dobló hojas de papel hasta conseguir las novecientas
ochenta grullas que faltaban, luego, cogió un hilo, y las unió todas,
formando una preciosa guirnalda. Justo amanecía cuando salió disparado
hacia el hospital. Después de suplicar durante minutos a la enfermera para
que le dejase pasar, esta acepto. Toshiro se subió a una silla, y colgó la
preciosa guirnalda encima de la cama de Naomi. Esta despertó y digo
- Son hermosas Toshiro, gracias
- Hay un millar, son tuyas Naomi, tuyas…
Toshiro abandonó sin vacilar la estancia, para que Naomi, no lo viese
llorando por ella, su amada. Una ligera brisa, agitó las frágiles gruyas. Una
lágrima se derramó de los ojos de Naomi, que sonreía. Esta los cerró
lentamente, poniendo así fin a una larga temporada de dolor, sufrimiento
y agonía.
Febrero de 1976, Toshiro Ueda tenía cuarenta y dos años, vivía en
Londres, tenía dos hijos preciosos y era gerente de un banco. Ninguno
de sus empleados se atrevía a preguntar por qué siempre, entre papeles,
informes y mensajes telegráficos, siempre había unas cuantas grullas
de origami. Divertidos, comentaban que algún día llegaría a las mil.
Ninguno sospechaba siquiera la dolorosa relación que esas minúsculas
grullas de papel tienen con perdida Hiroshima de su niñez, con su amor
perdido…

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